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viernes, 1 de junio de 2012

Estudiando con Miguel


(Publicada en L'Informatiu el 31 de mayo de 2012. Ver aquí)

Hace unos días estaba repasando la lección –¿se sigue diciendo así, o a eso también le cambiaron el nombre con la última reforma educativa?– con mi hijo de once años para un inminente control de “Cono”. Así es como llaman a la asignatura de Coneixement del medi. Entre los temas a repasar, el número doce: “La Unió Europea”. ¿Qué son los eurodiputados? ¿Cuáles son las funciones del Consejo de la Unión Europea? ¿Cuántos comisarios integran la Comisión Europea?

Andábamos próximos a terminar el repaso cuando Miguel se me quedó mirando muy serio y me preguntó: Papá, ¿todo esto sirve para algo? La pregunta me pilló tan de sorpresa que me quedé dudando qué responder. Me invadió una sensación similar a la que recorre mi cuerpo cuando en un mal día alguien te pregunta un simple ¿Qué tal? y te quedas dudando si responder con un “bien” de cortesía o respondes con sinceridad. Finalmente opté por la respuesta de cortesía. Todavía es demasiado joven para explicarle lo que opino acerca de la utilidad de la Unión Europea, tiempo habrá.

Terminado el tema doce, la emprendimos con el trece: “De la prehistòria a l’edat mitjana”. Miguel comenzaba a ponerse remolón; eran más las ganas de agarrar la consola que las de hablar de griegos, fenicios y cartagineses.

En un intento por motivarlo, tal vez demasiado dramático –eso pensé al menos al escuchar mis propias palabras– se me ocurrió decirle: "Miguel, ¿sabes por qué es importante que estudies y saques buenas notas en los exámenes?" A lo que el muchacho respondió con agilidad: "Claro, me vas a decir que si no lo hago, de mayor seré un pringao". Reconozco que su respuesta me desconcertó, pero mucho menos que la afirmación con la que continuó: "Pero papá, ¿tú no ves las noticias? Aunque estudie, cuando sea mayor todos vamos a ser unos pringaos".

Tocado y casi hundido, así es como me dejó. ¿En qué país vivimos en el que un muchacho de once años –espabilado para su edad, lo reconozco– piense que estudie o no acabará siendo un “pringao”? ¿Qué estímulos le llegan para pensar que su destino está marcado y que estudiar y esforzarse no será suficiente para labrarse un futuro digno?

Después de respirar profundamente, se me ocurrió contarle que el futuro no es irremediable. Que está en nuestras manos, en las suyas, en las mías, y en las de muchos otros y otras, cambiar ese destino. Que cuanto más estudie y más aprenda, tendrá más herramientas para contribuir a cambiar ese futuro. El suyo, pero también el de otras personas. De las que pudieron estudiar y de las que no tuvieron esa suerte que él tiene.

Esas cosas le conté a mi hijo, aunque en algún rincón de mi alma, mientras se lo contaba, no podía evitar pensar que en el peor de los casos, si estudia y se prepara, al menos tendrá la posibilidad de emigrar a otro país si el suyo, en el que nació y en el que vive, no le ofrece un futuro digno.

Epílogo 
Me cuenta mi amigo Tur que esta será mi última columna en l'Informatiu. Ya la tenía escrita y no quise cambiarla. La guardaré para compartirla dentro de unos años con Miguel. Pero siendo la última, se merece un epílogo. Después de treinta y un meses, la de hoy es la última edición de este diario digital. Mi noviazgo con él se remonta al día que lo conocí, antes incluso de que saliera a la luz. Puro flechazo. Después de algunos escarceos amatorios, el matrimonio arrancó el 25 de mayo del pasado año, cuando escribí mi primera columna. ¿Servirá de algo?, me preguntaba entonces. Me refería las concentraciones que habían arrancado unos días antes. Ahora, transcurrido un año, sé que sirvieron y que todavía sirven. También sé que este diario digital ha servido de mucho. Era necesario y sigue siéndolo. Dos millones y medio de páginas vistas desde su puesta en marcha son una prueba irrefutable. El matrimonio termina, pero el amor continúa.

Hoy quiero brindar por las palabras que una larga lista de personas dejaron en este diario. También por las palabras que algunas de ellas me regalaron entre cerveza y cerveza. No es una despedida. Es una celebración por haberlas conocido. Y un hasta pronto, porque sus palabras siguen siendo necesarias, imprescindibles, y seguro que pronto nos encontraremos en algún otro lugar.

viernes, 18 de mayo de 2012

Carta al chantajista Rouco Varela

(Publicada en L'Informatiu el 24 de mayo de 2012. Ver aquí)

Señor Antonio María Rouco Varela, Presidente de la Conferencia Episcopal Española.

Le escribo porque he leído en la prensa que usted ha amenazado con que Cáritas podría resentirse si la Iglesia Católica pierde el privilegio de la exención del Impuesto de Bienes Inmuebles.

Y quiero decirle que además de ser usted el “jefe nacional” de una institución retrógrada, antidemocrática y machista, es usted un chantajista y un hipócrita. Chantajista, porque su amenaza no puede ser calificada de otra manera. Amenazar en los tiempos que vivimos con retirar presupuesto a una institución como Cáritas que afirma que su misión es “ser iglesia pobre y para los pobres” es un chantaje indecente. Hipócrita porque usted debe conocer mejor que nadie los números de su institución. No en vano, los jefes de la misma siempre han estado más preocupados por los números que por los preceptos de su dios. Y conociendo estos números, los tergiversa.

Algunas estimaciones aseguran que si la Iglesia Católica pagara –como el resto de los mortales– el Impuesto de Bienes Inmuebles, la cantidad anual a abonar ascendería a cinco millones de euros.

Según la información disponible en la página web de Cáritas, el presupuesto anual en su último ejercicio superó los doscientos treinta millones de euros. Cerca del 38% de ese presupuesto (algo más de ochenta y siete millones de euros) procedía de fondos públicos. Del resto, las partidas más importantes no proceden de fondos de la Iglesia Católica. Por el contrario, más de cien millones proceden de donativos, legados, aportaciones de empresas, etc. Algo menos de trescientos mil euros proceden del fondo interdiocesano, y no alcanza el millón novecientos mil euros los que proceden la aportación de organismos diocesanos.

No es por tanto la Iglesia Católica la principal financiadora de Cáritas, sino los particulares de manera obligatoria o voluntaria. Obligatoria a través de nuestros impuestos, voluntaria a través de donativos o aportaciones. No está por tanto en sus manos, señor Rouco Varela, decidir si el grueso del presupuesto de Cáritas sigue en Cáritas o no.

Por cierto, señor Rouco Varela, seguro que usted también es conocedor de que los casos de abusos sexuales a menores ya le han costado a la Iglesia Católica más de cuatro mil millones de dólares a nivel internacional. ¿Se ha molestado en calcular los años que se podría haber financiado a Cáritas si se hubieran tomado las medidas necesarias y oportunas contra sus empleados pederastas?

Señor Rouco Varela, me atrevo a pedirle un favor. No ensucie la digna tarea de Cáritas (que habría que agradecer a sus trabajadoras y trabajadores) con sus indignas palabras.

Atentamente.

Nacionalizando, que es gerundio


(Publicada en L'Informatiu el 17 de mayo de 2012. Ver aquí)

Hace apenas un mes el gobierno argentino nacionalizaba YPF. Para el gobierno y la mayoría de los medios españoles, Cristina Fernández era poco menos que el demonio. En apenas dos semanas, el gobierno boliviano nacionalizaba la filial de Red Eléctrica Española. El caso parecía similar, y sin embargo para la el gobierno y la mayoría de los medios españoles Evo Morales no debía ir de cabeza al infierno, bastaba con enviarlo al purgatorio. Dos semanas más y era el gobierno español el que nacionalizaba Bankia. ¿Qué opina ahora la mayoría de los medios españoles de Mariano Rajoy? Básicamente, que ha hecho lo que tenía que hacer.

¿Cuáles son las diferencias entre los tres casos? Si analizamos en profundidad podríamos encontrar muchas, pero podríamos resumirlas en una. YPF era un negocio cojonudo para los dueños de Repsol. La filial boliviana era un negocio mediocre para Red Eléctrica Española. Y Bankia era definitivamente un negocio ruinoso para sus dueños.

Esa diferencia es la que nos ilumina sobre las similitudes entre los tres casos. Al gobierno español y a la mayoría de la prensa de este país le importa bien poco el interés de la población argentina, boliviana y española. Su principal preocupación es la defensa de los intereses de los dueños de Repsol, Red Eléctrica y Bankia. En definitiva, los intereses de los poderosos.

La palabra nacionalización huele a azufre cuando lo que implica es recuperar para un estado una empresa estratégica en manos de intereses privados. Y sin embargo es necesaria cuando lo que implica es sanear con dinero público una empresa en quiebra para después devolverla a sus dueños limpia de polvo y paja (porque no se equivoquen, eso es lo que harán con Bankia).

El mismo doble rasero que lleva al gobierno español a castigar al pueblo argentino limitando la importación de biodiesel de ese país y días después a calificar la limitación impuesta por Argentina a la importación del jamón español como una medida ilegal y proteccionista.

Por último y dado que al señor García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación español, le preocupa tanto la actividad de las trasnacionales españolas, me gustaría pedirle su opinión acerca de la implicación de una empresa española (Hidralia Energía) en el conflicto por la construcción de una hidroeléctrica en Guatemala. El pasado 1 de mayo llegaba la triste noticia del asesinato del líder comunitario indígena Andrés Francisco Miguel. Su oposición y la de su comunidad a ese proyecto ha significado la ocupación militar de su territorio, la criminalización de su protesta y, finalmente, su asesinato.

viernes, 11 de mayo de 2012

¿Futuro extraño?


(Publicada en L'Informatiu el 10 de mayo de 2012. Ver aquí)

En las elecciones parlamentarias celebradas en Noruega en 2009, el Partido del Progreso se situaba como segunda fuerza más votada, superando el 22% de los votos. Un año antes, el Partido de la Libertad había superado en Austria el 18% en las elecciones generales, y en 2010 alcanzó el 27% en las elecciones provinciales en Viena. Este mismo año, el Partido por la Libertad en Holanda y el Movimiento por una Hungría mejor se situaban alrededor del 17% en las elecciones llevadas a cabo en ambos países. Ya en 2011, el Partido Popular Danés superó en su país el 12% de los sufragios y el partido Verdaderos Finlandeses alcanzó el 19%.

Más recientemente, Marine Le Pen obtuvo para el Frente Nacional cerca del 18% de los votos en la primera vuelta de las presidenciales francesas. Y el pasado fin de semana el partido Amanecer Dorado obtuvo en Grecia un 7% de los votos.

Todas las fuerzas políticas mencionadas comparten un discurso ultranacionalista, xenófobo y autoritario que recuerda preocupantemente a tiempos pasados, pero no tan lejanos, en el continente europeo. Todavía no hace un siglo que movimientos políticos con discursos semejantes dominaron buena parte de Europa.

Surgieron en el periodo de entreguerras, al calor de una crisis económica mundial —la Gran Depresión–, originada en Estados Unidos, y en un contexto de deslegitimación de las fuerzas políticas existentes. Aquel período de la historia desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Se estima que perdieron la vida entre 50 y 70 millones de personas.

Concluido el conflicto bélico, surgió el concepto de Estado del bienestar (Welfare State). Las clases dominantes ilustradas asumieron que para evitar de nuevo situaciones como las vividas, valía la pena asumir una mejora en las condiciones de vida de las clases populares. La fortaleza del movimiento obrero y de los sindicatos como su expresión organizada jugó un rol decisivo. Parecía oportuno sacrificar una parte de la plusvalía y destinarla a que las clases populares disfrutaran de servicios sanitarios y educativos, de ciertas garantías laborales y de una red social de protección. No todo era altruismo. También había una buena dosis de egoísmo. Sacrificar parte del beneficio a fin de evitar la violencia social.

Pero como recordaba el profesor Josep Fontana en la excelente conferencia que nos regaló el pasado 3 de mayo en el Paraninfo de la Universitat de València, el romance fue breve, apenas duró tres décadas. A mitad de la década de los setenta llegó la crisis del petróleo, y poco después Ronald Reagan y Margaret Thatcher decretaron el cambio de rumbo de la historia.

Porque –como acertadamente recordó el profesor Fontana– el actual desmantelamiento del Estado del bienestar es únicamente una aceleración, aprovechando la excusa de la crisis, de lo que se viene haciendo en las últimas tres décadas. “El futur és un país estrany” titulaba el profesor Fontana su conferencia. Si miramos atrás, no tengo tan claro que lo que pueda depararnos el futuro, si no somos capaces de reaccionar y aprender de la historia, nos sea tan extraño.

viernes, 27 de abril de 2012

¿Qué intereses defender?

(Publicada en L'Informatiu el 26 de abril de 2012. Ver aquí)

Contexto: 18 de abril. Programa de RTVE: La noche en 24 horas. Invitado: Alberto Garzón, diputado de Izquierda Unida. Entre los temas abordados, como no, la nacionalización de YPF por el gobierno argentino. En determinado momento, el periodista Eduardo San Martín pregunta al diputado si el gobierno español no debería defender los intereses de los ciudadanos españoles. El día siguiente, el periodista reafirma su opinión en Twitter con el siguiente mensaje: “¿Expropiación legal? Eso lo dirán los tribunales. Insisto: un Estado defiende sus ciudadanos, cooperantes o accionistas”.

La semana pasada escribí en este mismo espacio sobre la “españolidad” de Repsol. En todo caso, podemos afirmar que un 22,84% del capital de Repsol pertenece a dos empresas “españolas” (Sacyr y Caixabank), un 9,90% a otros inversores institucionales españoles y un 10,80% a accionistas minoritarios españoles. ¿Debería entonces, como sugiere el señor San Martín, defender el gobierno español los intereses de esos accionistas?

Sacyr Vallehermoso, como es bien sabido, es una de las principales constructoras españolas. Caixabank, uno de los principales grupos financieros del país. Como tales, han tenido un papel activo en el hinchado de la burbuja inmobiliaria responsable en buena medida de la crisis que ahora sufrimos.

La constructora ha mostrado un permanente interés por la españolidad de Repsol. En 2008 negoció con la petrolera rusa Lokoil la venta de sus participaciones. Tras la fallida operación, en 2011 negoció con la mexicana Pemex para hacerse con el control de la petrolera. De las relaciones y negocios conjuntos de uno de los principales accionistas de Sacyr, Juan Abelló, con personajes de la honorabilidad de Mario Conde, tal vez hablamos en otro momento.

¿Son esos los intereses españoles que debe defender el gobierno español? ¿O los de los pequeños accionistas españoles que inocentemente invirtieron sus ahorros en acciones de Repsol? ¿Qué pecado han cometido esos pequeños accionistas?

Esos pequeños accionistas simplemente pretendían rentabilizar sus ahorros obteniendo una parte de la tajada de las plusvalías generadas por una empresa que, como comentábamos la semana pasada, tiene actividad en al menos 14 países considerados paraísos fiscales, dedica a ese reparto de beneficios lo que no dedica a mejorar las condiciones salariales de sus empleados, y acumula denuncias por violación de derechos humanos y contaminación del medio ambiente. ¿Inocentes?

Me parecen mucho más inocentes los indígenas mapuches de Neuquén (Argentina), los guaraníes de Itika Guasu (Bolivia), o los waorani, tagaeri y taromenane de la amazonía ecuatoriana que han venido sufriendo violaciones de derechos humanos por parte de Repsol. Y puestos a elegir que intereses defender, a mí no me queda ninguna duda.

PD. El gobierno del PSOE tampoco parecía tener ninguna duda. Poco antes de perder las elecciones concedió una subvención de 149.932 euros a la Fundación Repsol YPF para la ejecución de un proyecto en zona de influencia de la operación de Repsol YPF en la Amazonía ecuatoriana.


viernes, 20 de abril de 2012

¿Empresas españolas?


(Publicada en L'Informatiu el 19 de abril de 2012. Ver aquí)

“El gobierno anuncia que adoptará todas las medidas que considere convenientes en defensa de los intereses legítimos de Repsol y de todas las empresas e intereses españoles en el exterior”. Estas palabras fueron pronunciadas por el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, en su comparecencia conjunta con el ministro de Industria, José Manuel Soria, tras conocerse la decisión de la presidenta argentina, Cristina Fernández, de nacionalizar YPF.

A ese discurso hostil del gobierno español se han sumado con entusiasmo la mayoría de los medios de comunicación y desinformación españoles. Es absolutamente sonrojante el nivel de fanatismo nacionalista español de estos medios que, paradójicamente, acusan de populismo nacionalista al gobierno argentino.

La primera de las mentiras esgrimidas para sostener este discurso hostil es la españolidad de Repsol. Una simple mirada a la web de la empresa permite constatar la falacia. La suma de participaciones en manos de la mexicana Pemex (9,49%) y de fondos de inversión extranjeros (42%) supera el 50%. 

Pero no es ésta la única, ni siquiera la principal mentira. Repsol es, y seguiría siéndolo aunque el 51% de sus participaciones fueran propiedad de accionistas españoles, de sus dueños. Lo único cierto es que YPF pasará ahora a ser argentina, porque el principal propietario será el estado argentino.

Personalmente, más allá de la nacionalidad de sus propietarios, me preocupa su política empresarial. Algo que no ha parecido preocuparle hasta ahora ni al gobierno ni a la prensa española. 

Según el informe “La Responsabilidad Social Corporativa en las memorias anuales de las empresas del IBEX 35. Análisis del Ejercicio 2010” publicado por el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, Repsol estaba presente mediante filiales y/o participadas en al menos 14 países considerados paraísos fiscales. El economista y diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón ha denunciado que sus beneficios entre 1998 y 2007 crecieron un 11,97%, y que en ese mismo período el salario promedio de sus empleados y empleadas únicamente creció un 1,71%. Mientras, se acumulaban las denuncias de organizaciones internacionales por violación de derechos humanos y contaminación del medio ambiente. 

Y siguiendo con las mentiras (o medias verdades), otra de las esgrimidas es que YPF era una empresa ruinosa en manos del gobierno argentino y que Repsol la ha reflotado con  una gestión eficiente. 

Si bien es cierto que YPF arrojaba pérdidas cuando fue privatizada, no es menos cierto que la principal causa de esta situación fue la deliberada política de endeudamiento fraudulento en que la empresa fue involucrada por el gobierno militar argentino, política que tuvo su continuación durante el gobierno de Carlos Saúl Ménem (que recuperó como ministro de Economía al que fuera presidente del Banco Central durante la dictadura, Domingo Cavallo) y que facilitó su privatización con el argumento -apoyado estratégicamente por los principales grupos de comunicación argentinos- de la mala gestión pública.

¿Les suena de algo la jugada? Deliberada mala gestión de lo público, cacareada por los principales grupos de comunicación y desinformación, para justificar la privatización en manos de los amigos de los responsables de la mala gestión pública. No hace falta irse a Argentina, ni remontarse a década pasadas, para encontrar ejemplos. 

Sin ir mucho más lejos, fue en 1989 cuando Repsol comenzó a dejar de ser una empresa verdaderamente española, una empresa pública española. Un año antes había comenzado a dejar de ser española Endesa. Luego dejarían de ser españolas Telefónica, Argentaria, Aceralia y tantas otras. 

Mientras nuestros gobernantes salen a la palestra con discursos grandilocuentes en defensa de empresas supuestamente españolas, sus políticas facilitan que en un futuro cercano ni siquiera la sanidad y la educación sean verdaderamente españolas. En la práctica, la privatización de la educación en los últimos años ya la está poniendo en manos de una empresa extranjera. La Iglesia Católica es, en sentido estricto, una empresa vaticana.

viernes, 23 de marzo de 2012

Carta al ministro García-Margallo

(Publicada en L'Informatiu el 22 de marzo de 2012. Ver aquí)

Señor Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación,

Me encontraba la semana pasada en San José de Costa Rica cuando leí unas declaraciones suyas en prensa en las que afirmaba que "recortar en cooperación es una opción extremadamente dolorosa, pero la otra opción, a lo mejor, es recortar pensiones o cerrar ambulatorios".

Es como si uno va al médico con un grano en el dedo gordo del pie, le sugieren amputar por el tobillo y, para curarse en salud, el doctor le dice que mejor eso que amputar por la rodilla. Seamos serios, señor ministro, y evitemos los argumentos falaces. Yo no quiero amputación por el tobillo ni por la rodilla. No quiero recortes en cooperación, ni en pensiones, ni en salud. Busquen otras alternativas.

Le decía, señor Ministro, que estaba en Costa Rica cuando leí esas declaraciones. Seguro que usted conoce que este país fue el primero en el mundo en abolir el ejército como institución permanente el 1 de diciembre de 1948. Fue después de una guerra civil que duró cuarenta y cuatro días. Un año después, en noviembre de 1949, esta prohibición se incorporaba a la nueva Constitución del país. “Se proscribe el ejército como institución permanente” reza el artículo 12. Y no les fue tan mal. Es una de las democracias más asentadas en la región, y junto con Panamá presenta los mejores indicadores de desarrollo humano en Centroamérica. Casualmente, Panamá decidió hace más de veinte años no tener ejército.

¿Por qué no habla, señor ministro, con su colega el ministro de defensa Pedro Morenés y le sugiere un plan encaminado a la abolición del ejército español? Según los informes que publica Justicia i Pau, el gasto militar en España en 2011 superó los dieciesiete mil millones de euros. Cada uno de los cazas Eurofighter 200 que adquiere el Ministerio de Defensa cuesta ciento treinta millones de euros. Cada hora de vuelo de estos aparatos, más de cuarenta mil. Cada helicóptero de combate Tigre nos cuesta más de cincuenta y seis millones de euros.

Los recortes anunciados en cooperación ascienden a mil millones de euros, el equivalente al coste de seis cazas Eurofighter y cuatro helicópteros de combate Tigre. Convenza a su colega Morenés, señor ministro. Sabiendo de las amistades del ministro de defensa entre las empresas de armamento, igual le resulta complicado. Hable entonces con su jefe, el señor Rajoy.

Al mundo le va a sentar mucho mejor el dinero invertido en cooperación internacional, que los aviones, helicópteros, fragatas, blindados y misiles. No tenga ninguna duda.

Respetuosamente le saluda un ciudadano al que no le gusta que 374 €* de mis impuestos se dediquen al gasto militar.

*Gasto militar anual por habitante en 2011 según informe de Justicia y Pau.

viernes, 2 de marzo de 2012

Los años dorados de la cooperación valenciana


(Publicada en L'Informatiu el 1 de marzo de 2012. Ver aquí)

Hace algo más de cuatro meses, el ahora destituido Director General de Integración y Cooperación Josep María Felip declaraba al diario El Mundo que “los años dorados de la cooperación no son repetibles”. Ya entonces me preguntaba en una columna en este diario a qué años dorados se refería y para quien habían sido dorados. Los acontecimientos de estos últimos días parecen empezar a responder algunas preguntas.

Justo este año se cumplen veinte de mi relación con el mundo de la cooperación internacional. Poca cosa si nos atenemos a la letra del tango de Carlos Gardel, pero suficientes para saber que en la cooperación internacional valenciana nunca hubo años dorados. Los hubo, sin duda, mejores y peores. Y los que comandaron el señor Felip y el eterno Conseller destacan entre estos últimos.

En manos de la justicia queda aclarar si se cometieron delitos, cuáles fueron y quienes –en la administración pública y fuera de ella– estuvieron implicados. Pero hay certezas para las que no es necesario esperar a la acción judicial.

Basta con tener un conocimiento mínimo del sector de la cooperación valenciana y dedicar un tiempo a analizar las subvenciones concedidas por la Generalitat Valenciana en los últimos años, para saber que organizaciones con escasa trayectoria comenzaron a recibir importes cuantiosos, mientras se desplazaba a organizaciones consolidadas y con un prestigio ganado a base de años de trabajo.

Tampoco hace falta investigación judicial para comprobar que muchas de las organizaciones que en los últimos años incrementaron su cuenta de resultados a base de subvenciones públicas de las distintas administraciones de la Comunidad Valenciana forman parte de FEDACOD, una “Federación de Entidades por el Codesarrollo y la Cooperación Internacional” promovida desde el entorno de la Consellería para contrarrestar a la Coordinadora Valenciana de Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo, espacio de coordinación de las ONGD valencianas con veinte años de trayectoria. Una Coordinadora que ha mantenido una posición crítica hacia la (no) política de cooperación de la Generalitat Valenciana. Casualmente, todas las organizaciones salpicadas por el escándalo judicial (Fundación Hemisferio, Esperanza Sin Fronteras, ASA de África) pertenecían a FEDACOD.

Ni siquiera hace falta una investigación judicial para encontrar sospechoso que las puntuaciones de las valoraciones técnicas que se asignaban en los proyectos presentados a convocatorias por estas organizaciones superaran a los de organizaciones con mucha más experiencia y capacidad. Ni resultó una sorpresa que algunas de las organizaciones perjudicadas en las convocatorias del año pasado iniciaran una reclamación judicial, ni ha resultado una sorpresa saber que las empresas que subcontrató la Consellería para evaluar los proyectos presentados a las convocatorias están siendo investigadas por la justicia.

Ninguna de las circunstancias descritas, ni de las informaciones aparecidas en prensa en los últimos días, resultan sorprendentes para cualquier persona con un mínimo conocimiento de la cooperación valenciana. Ahora queda esperar a que la justicia recorra su camino y ponga en su lugar a los responsables de los años dorados de la cooperación valenciana.

sábado, 25 de febrero de 2012

¿Shock o electroshock?

(Publicada en L'Informatiu el 23 de febrero de 2012. Ver aquí)

Conviene releer en estos días La Doctrina del Shock, de Naomi Klein. La tesis que defiende es simple. Las políticas neoliberales son nocivas para la mayoría de la población y no son, por tanto, asumibles por una sociedad realmente democrática.

Para imponerlas es necesario un shock que aturda lo suficiente a la población como para poderlas implementar sin resistencia. Uno de los padres de las tesis neoliberales, Milton Friedman, lo afirmaba con claridad: “Sólo una crisis, real o percibida como real, permite un auténtico cambio”.

Siguiendo la doctrina del maestro de Chicago, en los últimos años se han encargado de hacernos percibir una crisis de tal magnitud que debería aturdirnos lo suficiente como para imponernos lo que de otra manera hubiera resultado imposible. Para hacernos aceptar lo que en otras condiciones resultaría inaceptable.

En este sentido resultó esclarecedor un reportaje emitido en el programa El Intermedio en el que buena parte de las personas entrevistadas afirmaban estar dispuestas a renunciar al derecho a la huelga, incluso al derecho al voto, a cambio de tener un trabajo. Sin duda los amos del país vieron aquel programa.

Y sin embargo, a pesar de la contundencia de la crisis impuesta y de sus consecuencias, hay algunos síntomas de que no toda la población está dispuesta a aceptar sin más el “auténtico cambio” que preconizaba Friedman. El movimiento del 15-M fue sin duda uno de esos síntomas. La rebeldía con la que los jóvenes estudiantes valencianos han salido a la calle a protestar contra los recortes en la educación pública es otro, y especialmente interesante por haberse producido en estas tierras.

La respuesta inicial del sistema no ha podido ser más contundente. Si el shock de la crisis no era suficiente, la segunda apuesta ha sido la del electroshock de la porra. No olvidemos que ya hubo algunas dosis de esta medicina contra los indignados del 15-M.

La apuesta de los dueños del país es clara. Dar una vuelta de rosca más (o varias) a un sistema injusto, para profundizar en su injusticia y obtener pingües beneficios a cambio. Y no van a cambar de idea porque unos cuantos miles de personas salgan a la calle. Si la amenaza de perder lo que uno tiene no es suficiente, aplicarán medidas más contundentes.

La feroz represión de estos días contra los estudiantes valencianos no ha sido un error, una reacción desproporcionada. Simplemente ha sido una advertencia al “enemigo”. Mal haríamos en no valorar la advertencia como tal. Frente a ella, lo único inteligente es pensar en la respuesta adecuada. Y frente a la contundencia de la amenaza, la única respuesta inteligente es una respuesta colectiva y organizada.

martes, 21 de febrero de 2012

Regreso a Wiwika kuchu

(Publicada en L'Informatiu el 16 de febrero de 2012. Ver aquí)

Atucucho es el nombre de un barrio situado al noroccidente del Distrito Metropolitano de Quito en el que viven unas diez y siete mil familias. Su origen data del 1 de abril de 1988 cuando un grupo de personas organizadas como pre-cooperativa de vivienda invadió una antigua hacienda en búsqueda de un lugar en el que vivir. 

La semana pasada tuve el enorme placer de encontrarme con Luis Robles y Juan Tenorio, dos de los miembros de la organización barrial de Atucucho, acompañado por los buenos amigos del Centro de Investigaciones Ciudad, para que me contaran la historia de su barrio. Una historia compleja, dura, plagada de conflictos. Pero también una historia preñada de esperanza. 

Luis me contó como inicialmente llamaban a su barrio “Los palitos”, por las maderas de eucalipto que cortaron de la antigua hacienda con las que construyeron las primeras casas del asentamiento. Como se organizaron y trabajaron en minga para llevar el agua al barrio. Como siguieron luchando por conseguir la luz eléctrica, el alcantarillado y el adoquinado de sus calles. Como durante casi dos décadas y media han luchado por conseguir legalizar la tenencia de sus lotes, algo que están a punto de conseguir.

Luis y Juan me contaron como ahora se han dotado de una asamblea de promotores barriales. Cada manzana del barrio elige a un promotor o promotora barrial que participa en la asamblea semanal de promotores barriales, un espacio de participación e información al que acuden entre 120 y 150 personas cada semana. Las y los promotores barriales se encargan de difundir la información de la organización barrial a los moradores de su manzana, y llevan a la asamblea sus pedidos y propuestas.

Me contaron también como la organización barrial está promoviendo iniciativas productivas comunitarias, como están generando propuestas para la infancia, para la juventud, para los adultos mayores. Como están poniendo en marcha un banco comunitario. Como han comenzado a circular una moneda propia (el MIC, Moneda Interna Comunitaria) con la que remuneran la participación en actividades comunitarias y con la que ya se pueden pagar servicios comunitarios. Como están pasando de ser una organización barrial, a convertirse en un gobierno barrial.

Luis, Juan, y sus compañeros y compañeras de la organización barrial lo tienen claro. No mendigan limosna ni al gobierno ni a las organizaciones que colaboran con el barrio. Se han organizado para construir su futuro. Y para exigir sus derechos. 

Les pregunto de donde viene el nombre de Atucucho. Proviene del kichwa “atug” (lobo) y “kuchu” (rincón). Su barrio se llama Rincón de Lobos.

Termino el viaje a Ecuador y regreso a Valencia. Pienso en lo que Luis y Juan me contaron. Veo lo que acontece en mi tierra y no puedo dejar de pensar que deberíamos rebautizarla como wiwika kuchu. Rincón de ovejas.


martes, 14 de febrero de 2012

Desde Ecuador


(Publicada en L'Informatiu el 9 de febrero de 2012. Ver aquí)

Si la semana pasada escribía la columna semanal desde Bolivia, esta semana lo hago desde Ecuador. Si la semana pasada la pasé recorriendo comunidades indígenas de las tierras altas del Departamento de Chuquisaca, esta semana la he pasado visitando barrios periféricos del Distrito Metropolitano de Quito. 

En Chuquisaca, comunidades indígenas organizadas para poner en marcha sistemas de riego  en un intento de paliar los devastadores efectos del cambio climático, que para ellos y ellas han supuesto una alteración de los ciclos pluviales que ha generado serios problemas de seguridad alimentaria. En Quito, organizaciones barriales inmersas en un proceso de diagnóstico de sus realidades, y en la elaboración de planes participativos de mejoramiento para su barrios. En ambos casos, hombres y mujeres organizados para luchar por su futuro.

Tras cada una de las agotadoras jornadas de trabajo llega la hora del descanso. Antes de ir a dormir, pego una mirada rápida a la prensa digital para saber como anda la cosa en casa. Y si las jornadas de trabajo son estimulantes, el hojeo a la prensa me produce cada día más asco.

Un día Alberto Fabra viajando a Londres a humillarse ante Ecclestone, mientras las gentes del Parque Alkosa siguen en huelga de hambre reclamando lo que les pertenece con una dignidad que el President nunca alcanzará a entender. Otro día, la ex vicepresidenta Fernández de la Vega presentando su fundación por las mujeres de África rodeada de una panda de miserables empresarios que se hacen la foto de la vergüenza, porque tampoco entenderán nunca la dignidad con la que millones de mujeres africanas luchan por un continente que ellos y sus amigos llevan día a día a la miseria. Y hoy, la condena a once años de inhabilitación al juez Garzón, un personaje que, aún no gozando de todas mis simpatías, hizo lo que estuvo en sus manos por hacer justicia a las víctimas de una dictadura que durante décadas han resistido con dignidad, una dignidad que tampoco alcanzarán a entender nunca los siete jueces del Supremo que condenaron al juez por unanimidad.

Éstas y otras noticias me producen un asco infinito. Un asco, he de reconocerlo, que un día si y otro también me hacen pensar en el exilio. Seguir el mismo camino que siguieron miles de personas cuando la dictadura cuyos crímenes se empeñó en investigar el juez ahora condenado les cerró todas las puertas para vivir en libertad. Seguir ese camino ahora que día a día se van estrechando los espacios democráticos en el país en el que nací.

En esos momentos pienso en las compañeras y compañeros indígenas de Chuquisaca. En las compañeras y compañeros de los barrios periféricos de Quito. En sus esfuerzos de organización, en sus luchas, en sus resistencias, en su dignidad, en su ejemplo. Los mimos esfuerzos, luchas, resistencias, dignidad y ejemplo que nos brindan desde hace semanas, desde hace años, las compañeras y compañeros del Parque Alkosa. Respiro profundo, y pienso que en casa hay mucho trabajo por hacer. 

sábado, 4 de febrero de 2012

Desde Bolivia

(Publicada en L'Informatiu el 2 de febrero de 2012. Ver aquí)

Escribo la columna semanal desde el aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. Diez horas esperando la salida del vuelo a Sucre dan para mucho, incluso para cumplir con esta agradable obligación semanal.

Nada más cruzar la puerta de salidas internacionales he recordado un comentario que me hizo el director de este diario con ocasión, hace ya un tiempo, de un viaje a Ecuador. El protagonista de aquel comentario eran los ojos de las personas que esperan ansiosas en el aeropuerto la llegada de sus migrantes.

Todas esas personas en nuestro país que afirman sin pudor que los migrantes llegaron a quitarnos el trabajo o a aprovecharse de nuestros servicios públicos deberían, aunque fuera una vez en su vida, volar a Ecuador, a Bolivia o a Perú. A ellos y ellas va dirigida esta columna.

Si algún día lo haces, para las largas horas de vuelo te propongo que intentes conversar con aquellas personas que intuyas que son migrantes que vuelven a su país a pasar unos días con su familia. Que intentes, con delicadeza, preguntar por sus historias de vida. Cuánto tiempo llevan viviendo en España, a qué se dedican, cuanta familia dejaron en su país, cuánto tiempo hace que no lo visitan.

Puestos a proponer, te sugiero que intentes mantener estas conversaciones con mujeres. Escucha las historias de los hijos e hijas que dejaron a cargo de las abuelas para venir a cuidar de nuestros hijos e hijas. Escucha el tiempo que hace que no ven a sus mayores, porque los dejaron en su tierra para venir a la nuestra a cuidar de nuestros mayores.

Es probable que entre las personas con las que puedas conversar, haya alguna que hace años que no pisa su país. De lo que obtienen cuidando a nuestros hijos e hijas, a nuestros mayores, limpiando nuestras casas o recogiendo las cosechas de nuestros campos, envían una buena parte a sus familias. Ahorran todo lo que pueden, y eso es incompatible con agarrar un avión a menudo.

Si encuentras a alguna de esas personas, no dejes de mirarla a los ojos cuando el comandante del vuelo anuncie que se inicia la maniobra de aterrizaje. Procura descubrir las emociones que circulan por su cabeza, por su cuerpo, por su piel.

Sigue mirándola mientras desembarca del avión. Mientras hace la larga cola para pasar los trámites migratorios. Mientras recoge su maleta (¡que bueno sería poder mirar por un agujerito qué lleva en esa maleta!). Y síguela con la vista cuando atraviese la puerta de llegadas internacionales. Cuando busque con su mirada a su familia.

No tengas prisa. Date un tiempo para ver como se abraza con los suyos, con las suyas. Intenta comprender las sensaciones que la invaden. Intenta imaginar como se siente cada noche en tu país cuando se va a la cama lejos de los suyos, de las suyas.

Si todavía no tuviste suficiente, cuando vayas a tomar el vuelo de regreso a casa, repite el proceso mirando como se despiden esas mismas personas que vinieron a pasar unos días con su familia.

Aunque pensándolo bien, quizás puedas ahorrarte el billete de avión porque tal vez un día de estos seas tú el que acuda, la que acuda, a cualquiera de nuestros aeropuertos a despedir o a recibir a tu hija, a tu padre, a tu hermana.

viernes, 27 de enero de 2012

A propósito del cierre de Megaupload

(Publicada en L'Informatiu el 26 de enero de 2012. Ver aquí)

(Humilde contribución al debate de dos buenos amigos una noche de cumpleaños)

El FBI clausura Megaupload y se disparan de nuevo las discusiones en las que unos defienden la legitimidad de los derechos de autor y otros el libre acceso a la cultura para el pueblo. Mientras la mayoría de “el pueblo” ignora estas discusiones y reemplaza el mencionado servicio por otros equivalentes para seguir disfrutando de la barra libre, la discusión relevante (y esta no circula por twitter ni por otras redes sociales) es la que mantienen las industrias del ocio (no confundir con los creadores) y las empresas tecnológicas (¿o deberíamos llamarlas empresas globales de publicidad?). En realidad, a unos y a otros les preocupa un culo tanto el acceso a la cultura como los derechos de  los creadores. Su principal preocupación es el acceso de los dólares a su bolsillo y la discusión se establece alrededor del reparto del botín.

Al final de la partida la mayoría sale perdiendo. Salen perdiendo la inmensa mayoría de las y los creadores que cada vez viven peor (salvo unos pocos elegidos por la industria que devuelven el favor, consciente o inconscientemente, actuando de perros de presa de sus amos) y sale perdiendo la inmensa mayoría del pueblo que, a pesar de los supuestos beneficios de las nuevas tecnologías, cada vez consume una cultura más uniforme y menos diversa siguiendo las pautas impuestas por la industria. Y mientras tanto, los de siempre (esos casi siempre salen ganando) llenándose los bolsillos.

Un esquema fácilmente trasladable a otros sectores. Al alimentario (cada vez comemos más mierda y más semejante) o al de los “medios de comunicación” (nos “desinforman” de manera más uniforme), por poner sólo dos ejemplos. Sectores cada vez más oligopolizados en los que unos pocos deciden las películas que vemos, los discos que escuchamos, las hamburguesas que comemos o los diarios que leemos.

Todo con la inestimable ayuda de las empresas tecnológicas que les ofrecen un triple servicio. Publicitan sus productos, les afinan el público objetivo gracias a los datos personales que facilitamos sin pudor o nos roban con descaro, y llevan sus mercancías hasta nuestro sofá a tiro de click.

Decir, por tanto, que internet puede facilitar el acceso de la mayoría de la población a una cultura más diversa, a una mejor alimentación o a una información más crítica es, como poco, una media verdad. Porque la clave no está en la herramienta sino en quien la controla y, hoy por hoy, la batalla del poder sobre Internet la ganan las empresas multinacionales.

Hay un hecho innegable e innegociable. Los creadores culturales, los productores de alimentos y los periodistas (también los periodistas) tienen la puta manía de comer todos los días. El problema es si estamos dispuestos y dispuestas a pagar un precio justo por una cultura diversa, unos alimentos sanos y una información crítica, para que puedan seguir viviendo y ofreciéndonos el producto de su trabajo, o preferimos seguir en la ficción del todo gratis mientras escuchamos, comemos y leemos mierda y los de siempre se siguen llenando los bolsillos a nuestra costa.