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viernes, 23 de septiembre de 2011

Evaluación de políticas públicas

(Publicada en L'Informatiu el 22 de septiembre de 2011. Ver aquí)
(Publicada en Rebelion el 24 de septiembre de 2011. Ver aquí)

Fue a mediados de 2006, siendo Jordi Sevilla ministro de Administraciones Públicas, cuando se aprobó la Ley de Agencias estatales para la mejora de los servicios públicos  que, entre otras cosas, autorizaba al gobierno para la creación de la Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y la Calidad de los Servicios. A finales de ese mismo año se aprobaba el Real Decreto por el que se aprobaba el Estatuto de esta Agencia. 

Cuatro años después, el propio Jordi Sevilla afirmaba en una entrevista al diario económico Expansión que “la Administración es ‘reticente’ a que se evalúen sus políticas”. Sólo hace falta dar un vistazo al Acuerdo del Consejo de Ministros de marzo de este mismo año por el que se aprueban los programas y políticas públicas que serán objeto de evaluación por la Agencia, para confirmar que el exministro no anda falto de razón. Apenas seis evaluaciones previstas. 

Pero ¿qué implica evaluar -o no evaluar- las políticas públicas? En la presentación de la Agencia en su página web nos dan algunas pistas: “La Agencia (…) desarrolla una actividad institucional (muy escasa, añadiría yo) en la que se une la voluntad de mejorar la calidad de los servicios públicos con la de racionalizar el uso de los recursos públicos y rendir cuentas ante los ciudadanos. En esta línea, la evaluación constituye una herramienta esencial para conocer los efectos y resultados de las intervenciones públicas”.

En teoría, los políticos (y las políticas) toman decisiones para conseguir determinados objetivos. En la práctica, evaluar las políticas públicas significaría analizarlas para saber en qué medida aquellas decisiones contribuyen a conseguir esos objetivos. Conocer si las decisiones tomadas fueron las apropiadas o se podían haber tomado otras mejores. Averiguar si los recursos se invirtieron de la mejor manera posible. Y obtener aprendizajes para mejorar en el futuro. En definitiva, como también se afirma en la web de la Agencia, “un instrumento de buen gobierno”.

Y sin embargo, el panorama de la evaluación de políticas públicas en las administraciones españolas (la central, las autonómicas y las municipales) es absolutamente desolador. Casi nadie evalúa casi nada. Porque evaluar implicaría explicitar qué es lo que se pretende conseguir con una determinada política pública, definir las actuaciones necesarias para conseguirlo, y analizar a posteriori en que grado se consiguió lo que se pretendía. Y a eso están dispuestos muy pocos políticos (y políticas). Probablemente, porque saldrían muy mal parados. 

Pareciera que a nuestros políticos (y políticas) lo único que les interesa evaluar son los resultados de las encuestas en periodos preelectorales. Prometer en función de aquello que consideran que va a mejorar estas encuestas, y una vez pasaron las elecciones, si te he visto, no me acuerdo.

Me atrevo a sugerir a los movimientos que reclaman una democracia real que incluyan entre sus reivindicaciones una apuesta clara por la evaluación de las políticas públicas. Tenemos derecho a saber, no sólo en qué se invierten nuestros impuestos, sino que resultados se obtienen con esa inversión. Y que esa información sea pública y transparente.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Carta a Eduardo Madina

(Publicada en L'Informatiu el 15 de septiembre de 2011. Ver aquí)
(Publicada en Rebelion el 16 de septiembre de 2011. Ver aquí) 

Estimado Eduardo,

Me permito escribirte esta carta porque la semana pasada me entretuve en dar un vistazo a las declaraciones de bienes y rentas de algunos diputados y senadores. Considero que es un buen ejercicio de transparencia publicar las rentas y bienes de nuestros legisladores y legisladoras. Y en tu caso he de agradecer doblemente la transparencia, porque donde otros de tus compañeros y compañeras únicamente consignan acciones en empresas cotizadas, tú has sido más transparente y has especificado que posees 163.000 € en acciones de Telefónica y 510.000 € en acciones del BBVA (cierto es, todo hay que decirlo, que de los otros 601.557 € en diversos productos de inversión, no ofreces más información).

Y es que creo que si interesante resulta conocer el patrimonio de nuestros legisladores, tanto o más interesante resulta conocer en qué lo emplean. Y tú has decidido emplear una buena parte de tu patrimonio en financiar a dos de las más insignes multinacionales españolas, ambas integrantes del Consejo Empresarial para la Competitividad.

No tengo ninguna duda de cuáles son los intereses que mueven a estas empresas cuando hacen semejantes recomendaciones: aumentar sus beneficios. Lo que me genera dudas es cuáles son tus intereses cuando tomas decisiones como representante del pueblo

Seguro que conoces esta institución, integrada por 17 de las mayores empresas españolas. Y seguro que también conoces sus recomendaciones para mejorar la economía española: acelerar las reformas, profundizar en la reforma laboral, ligar los salarios a la productividad, cumplir con la reducción del déficit, adelgazar la administración pública, etc.

No tengo ninguna duda de cuáles son los intereses que mueven a estas empresas cuando hacen semejantes recomendaciones: aumentar sus beneficios. Lo que me genera dudas es cuáles son tus intereses cuando tomas decisiones como representante del pueblo. ¿No te surgen contradicciones entre el interés general y los beneficios de las empresas de las que eres accionista?

Y todavía me surgen más dudas cuando pienso en cuáles son las motivaciones que te llevan a invertir tu patrimonio en estas empresas.

¿Qué te motiva a invertir en acciones de una empresa como Telefónica, que a pesar de cerrar el ejercicio pasado con beneficios millonarios pretende despedir a 6.500 trabajadores y trabajadoras?

¿Qué te motiva a invertir en acciones de una empresa como BBVA, sobre la que se acumulan denuncias sobre su política de precarización laboral y de vulneración de los derechos sindicales, y que invierte cantidades millonarias en financiar a empresas productoras de armas controvertidas? Si no estás al tanto de estas informaciones, te recomiendo que leas el interesante informe del Observatorio de las Multinacionales en América Latina —La IED bancaria, ¿un beneficio nacional o empresarial? El caso del Banco Santander y el BBVA en Colombia- y el no menos interesante de Setem —Negocios sucios. Bancos españoles que financian armas-.

No sé si estarás de acuerdo conmigo, Eduardo, pero yo no tengo ninguna duda que los intereses de la clase trabajadora y los intereses de empresas multinacionales como Telefónica y BBVA son intereses contrapuestos, contradictorios. Y de alguna manera, invirtiendo en acciones de estas dos empresas, tú estás ligando tus intereses económicos a los suyos. ¿Entiendes, Eduardo, por qué miles de personas salen a la calle a gritar que no nos representáis?

Recibe un cordial saludo.