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sábado, 31 de marzo de 2012

Solidaridad de CONAIE


La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) se solidariza con los trabajadores y trabajadoras de España en sus jornadas de lucha contra la reforma laboral.

A los compañeros y compañeras de la UGT, Comisiones Obreras CC.OO. y de todas las organizaciones sindicales y populares de España.

Nosotros, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador - CONAIE - asumiendo el carácter internacionalista de todas las luchas por la vida y la dignidad de los pueblos, y reconociendo la necesidad de que los pueblos del mundo nos hermanemos para enfrentar los ataques del capitalismo sobre los seres humanos y sobre la naturaleza, nos solidarizamos con la lucha contra la reforma laboral que llevan adelante los trabajadores y trabajadoras en el Estado Español.

En este contexto global de crisis estructural del capitalismo, denunciamos la connivencia de los Estados, que a través de leyes y reformas laborales, pretenden que la crisis la paguemos los pueblos, y no sus responsables, que son las corporaciones empresariales y financieras, en sus ánimos infinitos de acumulación.

Tomamos con esperanza las luchas que en cada rincón del mundo están librando los trabajadores y trabajadoras, los campesinos y campesinas, las mujeres, los educadores, los jóvenes y estudiantes y los pueblos y nacionalidades indígenas, contra la explotación y la depredación, por la vida y la dignidad.

Por ello compañeras y compañeros trabajadores, su lucha es nuestra lucha, y rigiéndonos por el principio sagrado de la reciprocidad, los acompañamos y estamos vigilantes de los resultados de estas jornadas.

¡Shuk shungulla! ¡Shuk yuyailla! ¡Shuk maquilla!

Humberto Cholango
Presidente
CONAIE

jueves, 2 de febrero de 2012

El primo de Mariano

¿Se acuerda ustedes del primo de Mariano Rajoy? Aquel que le dijo que si los meteorólogos no le podían asegurar el tiempo que iba a hacer mañana, ¿como iban a saber lo que iba a pasar dentro de trescientos años? Aquel en cuyas opiniones se basaba Mariano para afirmar que "tampoco lo podemos convertir [el cambio climático] en el gran problema mundial



En estos días no he podido dejar de acordarme de Mariano y de su primo. Ando en el Departamento de Chuquisaca, en Bolivia, evaluando un proyecto que ha promovido infraestructuras de riego sostenibles en comunidades campesinas indígenas de esta zona andina.

¿El problema de estas familias? Que para ellas, el cambio climático ha supuesto una alteración de los ciclos de lluvia y una reducción de las mismas. Para estas familias, el cambio climático no es una entelequia que pueda llegar dentro de trescientos años. Para estas familias, el cambio climático ha supuesto una drástica reducción en sus cosechas de patata y maíz, de las que se alimentan. Para estas familias, el cambio climático supone pasar hambre. 

Pero resulta que el pobre Mariano no es un experto en estas cuestiones. El problema no es que el pobre Mariano no sea un experto en esas cuestiones. Seguro que tampoco lo es en muchas otras. El problema es que se atreva a decir tonterías sin saber de lo que habla. ¿Aplicará los mismos criterios en la gestión del país que preside? ¿Cuándo las cosas no vayan bien, se disculpará diciendo que no es un experto en economía, o en salud, o en educación? 

jueves, 13 de octubre de 2011

Lo que me gustaría votar (I). Decrecimiento


(Publicada en L'Informatiu el 13 de octubre de 2011. Ver aquí)


Quedan algo más de cinco semanas para las elecciones generales. A estas alturas todavía no tengo claro a quién votaré, aunque tengo meridianamente claro a quién no lo haré. También tengo bastante claro lo que me gustaría votar, cuáles son las propuestas que me gustaría respaldar con mi voto, algo que todavía no deben tener demasiado claro los partidos políticos que apuran el tiempo definiendo sus programas electorales (en muchos casos, mejor sería llamarles programas publicitarios). 


Como su propio título indica, esa columna tiene vocación de continuidad en las próximas semanas. No pretendo esbozar un programa electoral por fascículos, entre otras cosas porque no me presento a ningunas elecciones. Simplemente compartir algunas reflexiones acerca de los rasgos clave de la propuesta política a la que me gustaría poder apoyar.


Para empezar seré poco original y comenzaré por la economía. Aun siendo el elemento central de esta campaña electoral, y existiendo diferencias sensibles en las propuestas apuntadas por los distintos partidos políticos, apenas he escuchado voces que incorporen como eje central una propuesta que contaría con todas mis simpatías: la apuesta rotunda por el decrecimiento económico. Incluso en partidos de izquierda (categoría de la cual excluyo por motivos evidentes al PSOE), se escuchan voces recurriendo al tópico de que es necesario crecer para crear empleo.  


Debiera parecer obvia la contradicción de un sistema basado en el crecimiento ilimitado en un contexto de recursos limitados. Aunque también debiera parecer obvia la perversidad de un sistema que compatibiliza sin demasiado rubor el excedente de viviendas vacías con las dificultad de miles de familias para encontrar una vivienda digna, o que convive con normalidad con el hambre cuando hay alimentos suficientes para que nadie sufriera la carencia de alimentos.


Los antecedentes de la teoría del decrecimiento se sitúan en la obra de Nicholas Georgescu-Roegen (La ley de la entropía y el proceso económico, 1971), en los primeros años setenta, pero fue en Francia en los años noventa cuando teóricos como Serge Latouche (la editorial Icaria ha publicado en España algunas de sus obras) impulsaron este concepto, que ha llegado a España de la mano de determinados movimientos sociales. Mirando más cerca, uno de los intelectuales que ha escrito sobre estas cuestiones es el catedrático de sociología de la Universitat de València Ernest Garcia (El trampolí fàustic: ciència, mite i poder en el desenvolupament sostenible, 1995, es sin duda una de las referencias indispensables en materia de desarrollo sostenible).


Las propuestas de decrecimiento económico sugieren un nuevo modelo de consumo, recogiendo entre otras las propuestas de Ernst Schumacher (Lo pequeño es hermoso, 1973) de maximizar el bienestar reduciendo el consumo. Propuestas no lejanas en absoluto a las del sumak kawsay de los indígenas kichwas ecuatorianos o el suma qamaña de los aymaras bolivianos, ambas traducibles como “buen vivir” o “vivir bien”, aunque -en mi modesto entender- estas últimas superan las distintas propuestas de desarrollo, al partir de una cosmovisión indígena en la que no existe el concepto de desarrollo como proceso lineal. Sobre estas últimas, además de las reflexiones y escritos que nos llegan de Abya Yala, también podemos encontrar lecturas cercanas como las del ex catedrático de la Universitat d’Alacant Jose María Tortosa (Maldesarrollo y Mal vivir, 2011). 
Es mucho lo reflexionado sobre esta cuestión. Sin ir más lejos, hace algo más de un año tuvo lugar en Barcelona la Segunda Conferencia Internacional sobre Decrecimiento Económico. Y mucho lo escrito. Y sin embargo, ¿a cuantos representantes políticos han escuchado hablar sobre esta cuestión? ¿Cuántos minutos de tertulias radiofónicas o televisivas? ¿Cuántas páginas en la prensa? Tengan en cuenta que existen propuestas políticas para las próximas elecciones que tampoco disfrutan de muchos minutos ni páginas.


Por último, un comentario sobre el que insistiré en las próximas semanas. Nada más lejos de mi intención que decirles a quién votar. Ni siquiera pretendo insinuárselo. Pero si me atrevo sin ningún remordimiento a sugerirles insistentemente que lo hagan, que voten. No les votes, pero vota. Cualquier otra opción les favorece.  

jueves, 6 de octubre de 2011

Aprendizajes bolivianos #15M

(Publicada en L'Informatiu el 6 de octubre de 2011. Ver aquí)

La semana pasada, en una charla de café, un conocido manifestaba no entender porqué las gentes del 15M no se conforman en partido político. Es la única manera posible de incidir realmente en la situación del país, me decía.

Unos días después, en otra charla -esta con cervezas- comentaba con el director de este diario sobre la situación en Bolivia. Hay mucha gente, nos decíamos, de entre aquella que tiene algún interés en lo que sucede en este país andino, que no entiende como las organizaciones sociales -y específicamente las indígenas- que contribuyeron a llevar al poder a Evo Morales, se movilizan con virulencia contra alguna de sus políticas. 

Y sin embargo ambos estábamos de acuerdo al pensar que de lo acontecido en Bolivia en los últimos años se pueden extraer lecciones democráticas muy interesantes. 

Conviene bucear en la historia de Bolivia. Y no empezar en diciembre de 2005 cuando Morales ganó sus primeras elecciones. Su llegada a la presidencia no puede entenderse sin el aporte de las organizaciones populares e indígenas del país. Y el aporte de estas organizaciones no puede comprenderse sin analizar sus procesos de fortalecimiento organizativo y de lucha en las décadas anteriores.

Desde el desconocimiento de las fortalezas organizativas de las clases populares bolivianas, tampoco es posible entender cual ha sido el papel de contrapoder que han venido ejerciendo durante los mandatos del tándem Morales-García Linera

Porque la inmensa mayoría de las clases populares bolivianas han dado su respaldo electoral a los gobiernos de Morales. Pero no le han dado un cheque en blanco para que haga lo que le venga en gana hasta la próxima cita electoral. 

Los acontecimientos de las últimas semanas son esclarecedores. El gobierno pretende construir una carretera entre Villa Tunari y San Ignacio de Mojos, atravesando el territorio indígena del Parque Nacional Isidoro Sécure. Las organizaciones indígenas, amparándose en el Convenio 169 de la OIT que establece el derecho a la consulta a los pueblos indígenas y el derecho a decidir su propio desarrollo de acuerdo a sus usos y costumbres, se oponen, y encuentran en esta oposición la solidaridad de organizaciones obreras, vecinales y estudiantiles. En ese contexto, la policía reprimió con violencia una marcha indígena.

¿Qué ha sucedido desde entonces? Dimisión de la ministra de defensa y el ministro del interior por sus responsabilidades políticas en la represión policial. El presidente ha salido públicamente a pedir perdón por lo acontecido, ha paralizado el proyecto y ha planteado un referéndum sobre el mismo. 

Resulta evidente que conformarse en partido político no es la única manera de incidir en la realidad de un país y en sus políticas. Igualmente evidente resulta que son imprescindibles organizaciones sociales fuertes para ejercer un contrapoder efectivo antes las políticas gubernamentales. Pero esa fortaleza organizativa no surge de manera espontánea. Hay que trabajarla, y no es cosa de meses, más bien de años. 

Ah! Un último comentario. Una cosa es que las clases populares bolivianas hayan fortalecido sus organizaciones y tengan una importante capacidad de incidencia en las políticas de sus gobernantes, movilizándose contra ellos cuando es necesario, sin necesidad de conformarse en partido político. Pero les aseguro que en el próximo proceso electoral, no se quedarán en casa.

martes, 20 de septiembre de 2011

Duele Guatemala

Hace algo más de una semana Guatemala vivió la primera vuelta de sus elecciones presidenciales. ¿Alguien leyó algo al respecto en la prensa española? Seguro que sí leyeron sobre las maldades de Hugo Chávez cada vez que hubo elecciones en Venezuela. O sobre las de Evo Morales cada vez que las hubo en Bolivia. Pero en Guatemala... ¿a quién le interesa Guatemala?

En esa primera vuelta, el partido más votado, con cerca del 40% de los votos, fue el Partido Patriota. Su símbolo, un puño cerrado, representa la mano dura que prometen aplicar en el país. Y de mano dura sabe mucho su líder, el general retirado Otto Pérez Molina

Entre 1960 y 1996 Guatemala sufrió una larga guerra civil. El informe Memoria del Silencio, elaborado por la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de Naciones Unidas calcula que fueron más de 200.000 muertos, más de 45.000 desaparecidos, un millón y medio de desplazados y más de 45.000 refugiados en México. La mayoría de las víctimas fueron indígenas del pueblo Maya. 

Entre 1978 y 1986, bajo los gobiernos sucesivos de los generales Romeo Lucas García (78-82), Efraín Ríos Montt (82-83) y Óscar Humberto Mejía Víctores (83-86) la violencia alcanzó límites inimaginables, un verdadero genocidio. Justo en la época en la que el general Otto Pérez Molina estaba al mando de cuarteles militares en el denominado triángulo Ixil (Nebaj-Chajul-Cotzal), en la provincia del Quiché, una de las zonas en las que se cebó la represión militar. En aquella época se conocía a Pérez Molina como el "Capitán Fosforito" por su afición a quemar aldeas indígenas. Es probable que aprendiera estas técnicas durante su estancia en la Escuela de las Américas, en la que Estados Unidos formó a los militares más sanguinarios de América Latina. Según el Informe del Proyecto lnterdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica "Guatemala: Nunca Más", el general Pérez Molina fue voz de mando cuando se ordenó ejecutar la política de “tierra arrasada” en el departamento rural de Qui­ché, siguiendo las técnicas de contrainsurgencia de la CIA.

Éste es el personaje que puede convertirse en el próximo presidente de Guatemala, si en noviembre consigue ganar la segunda vuelta del proceso electoral. Sin duda un currículum demasiado liviano comparado con el de los presidentes del eje del mal bolivariano como para suscitar algún interés en la prensa española.