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miércoles, 16 de octubre de 2013

Su España

Hace unos años, la derecha más rancia de este país desató una furibunda campaña mediática y judicial contra el maestro Pepe Rubianes por decir aquello de "a mí la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás" y "que se metan a España ya en el puto culo, a ver si les explota dentro y les quedan los huevos colgando del campanario".



Ahora le ha tocado a otro genio de la provocación, Albert Plà, por afirmar en una entrevista al diario asturiano La Nueva España que "a mí siempre me ha dado asco ser español, como espero que a todo el mundo. Me gustaría que los catalanes fuéramos independientes y que en Gijón se estudiara el catalán por cojones, igual que nos pasa a nosotros ahora". La primera consecuencia e sus palabras parece que será la suspensión del concierto que tenía previsto para fechas próximas en Gijón.


Albert Plà en una imagen promocional de su último espectáculo 'Manifestación'

A mí, personalmente, la España de los que se lanzaron a degüello contra Rubianes y ahora lo hacen contra Plà, también me suda la polla por delante y por detrás. La España de los que con tanto orgullo pronuncian la palabra 'españa' y luego tienen su dinero, el que nos roban, en cuentas bancarias en Suiza. La España de los que pretenden que los enfermos crónicos españoles copaguen sus medicamentos. La España de los que pretenden que si eres español, pero pobre, tengas que sacar mejores calificaciones en la universidad para seguir estudiando que si eres español, pero rico. La España de los que mantienen en cárceles miserables a los que no son tan españoles como ellos y únicamente cometieron el delito de buscar una vida mejor. La España de los que pactaron una reforma exprés de la Constitución para que la deuda odiosa e ilegítima se pague antes que la educación, la salud y los servicios sociales de todos los españoles. La España de los que ganaron la guerra y dicen que intentar recuperar a los que asesinaron y enterraron en las cunetas es reabrir heridas cerradas. La España de los que, cuando un diputado pide en las Cortes un minuto de silencio en memoria de Lluis Companys, no se les ocurre otra cosa que gritar 'Viva España'. Esa España, su España, a mí, como a Plà, me da asco, y pueden metérsela en el puto culo a ver si les explota dentro.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Ésta no es mi constitución

(Publicada en 'Cremats' el 7 de noviembre de 2012. Ver aquí)

Ejemplar de la constitución española de 1978.


Un servidor está aburrido hasta límites insospechables de que la sacrosanta constitución española sea el parapeto en el que los privilegiados de este país se refugian para evitar cualquier cambio sustancial que se proponga a nuestro sistema de convivencia. Tanto que ha llegado el momento de decir alto y claro que esa constitución no es mi constitución.

No lo es porque la norma máxima que regula el funcionamiento del estado y en buena medida de la sociedad no fue fruto de un debate abierto y participativo en el que la ciudadanía pudiera opinar y debatir. Fue parida por siete machos –por lo visto las mujeres no tenían nada que decir al respecto– que ni siquiera fueron elegidos democráticamente y que plasmaron en ese texto los intereses de los principales grupos de poder. No lo es porque entre ellos se encontraban un antiguo delegado del Frente de Juventudes de Falange Española y un ministro de la dictadura franquista. A la ciudadanía, mientras tanto, se le reservaba un papel menor, el de la aprobación o rechazo “en bloque”, sin poder discutir o cuestionar los distintos aspectos que aborda. Cual menores de edad –no en vano, a los siete machos se les terminaría llamando los “padres de la constitución”– solamente podían decir SI a todo o NO a todo.

No lo es porque yo no la voté. Ni yo, ni cerca del sesenta por ciento de quienes ahora podrían votarla (en el caso de que se siguiera manteniendo el criterio de que sólo pueden votar españoles y españolas mayores de 18 años; emigrantes que viven entre nosotros pagan sus impuestos y pueden integrarse en ejército patrio, no pueden votar; a los jóvenes con 13 años se les presupone madurez para ser padres o madres y a los 14 tienen responsabilidad penal –y se les asume capacidad, por tanto, para discernir lo lícito y lo ilícito– pero hasta los 18 no parece alcanzarse la madurez para votar). Sólo la pudieron votar quienes nacieron antes del 6 de diciembre de 1960, o sea quienes ahora tienen 52 años o más. Y lo hicieron con el ruido de sables de fondo.

Ahora que de fondo ya no se escucha el ruido de sables –sólo el de las cajas registradoras de las grandes fortunas que siguen acumulando sin cesar– nos siguen tratando como menores de edad, y si hay que hacer alguna modificación constitucional nuestros papás de los partidos mayoritarios deciden por nosotros (por ejemplo, introduciendo el concepto de “estabilidad presupuestaria” y la prioridad absoluta para el pago de la deuda externa y sus intereses). En el fondo actúan como esos padres bastardos que dan dos hostias a sus hijos “por su bien”, cuando en el fondo lo hacen porque no saben educarlos.

En algún momento tendremos que hacer caso a Freud y matar (metafóricamente, por supuesto) a nuestros padres para poder ser libres. Ya somos mayores y queremos unas nuevas reglas de juego. Unas reglas de juego que favorezcan a la inmensa mayoría de este país. A la mayoría que está abajo.

Ha llegado la hora de decir que esta constitución no es nuestra constitución. Queremos una nueva, y queremos una Asamblea Constituyente para construirla.