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viernes, 28 de octubre de 2011

Lo que me gustaría votar (III) Paz



(Publicada en L'Informatiu el 27 de octubre de 2011. Ver aquí)



Tercera entrega de columnas sobre los rasgos clave de la propuesta política a la que me gustaría apoyar en las próximas elecciones, y segunda ocasión en la que los acontecimientos me hacen variar la secuencia inicialmente prevista. 

Y es que, recién aterrizado de un viaje de trabajo a República Dominicana, las televisiones me reciben con dos noticias. La primera, el anuncio de ETA de abandonar definitivamente la lucha armada. La segunda, la ejecución extrajudicial a manos del Consejo Nacional de Transición libio de Muamar el Gadafi.

Para la mayoría de políticos y periodistas, ambas noticias suponen el inicio de un camino hacia la paz en Euskadi y en Libia. No hacen más que repetirlo en cuanto tienen un micrófono delante. Y sin embargo, la paz, la que me gustaría que se incluyera como una de las principales referencias en la propuesta política a la que me gustaría apoyar en las próximas elecciones, queda muy lejos de los titulares de prensa de estos últimos días.

Porque como escribiera hace muños años Johan Galtung, la paz es mucho más que la mera ausencia de un conflicto violento. Sin duda, el anuncio de ETA debe ser recibido como una excelente noticia. Tengo muchas más dudas de que tengamos que celebrar como una buena noticia el cómo se ha derrocado al dirigente libio con el apoyo ilegal e ilegítimo de las fuerzas militares de la OTAN –incluidas las del estado español–. Pero en cualquiera de los dos casos, eso no implica que en Euskadi ni en Libia se haya alcanzado la paz. 

La concepción de paz que me gustaría apoyar es aquella que tenga en cuenta los tres vértices de lo que Galtung denominó el triángulo de la violencia. El primero de los vértices de este triángulo es el de la violencia directa. A esa se limitan la mayoría de políticos y periodistas en sus declaraciones. 

El segundo, es de la violencia estructural, conformada por todas aquellas estructuras que no permiten la satisfacción de las necesidades humanas. Y hago un paréntesis para recomendar fervientemente un librito que hace más de quince años publicaran los chilenos Manfred Max Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn –éste último chileno de adopción–, Desarrollo a escala humana, y que incluye una sugerente taxonomía de las necesidades humanas (si la subsistencia y la protección son dos necesidades humanas, también lo son las necesidades de afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad).  

El tercero, es el vértice de la violencia cultural, y hace referencia a los aspectos culturales que se manifiestan a través del arte, la religión, el derecho, los medios de comunicación, la educación, etc. y que cumple la función de legitimar las violencias directa y estructural, y de inhibir la respuesta de quienes la sufren.

Una apuesta clara y decidida por una cultura de paz, implica trabajar por la erradicación de estos tres tipos de violencia. Como reflejaba una excelente viñeta que estos días circulaba por las redes sociales, ¡ETA abandona la violencia! Los mercados parece que todavía no. A lo que cabría añadir, tampoco los gobiernos, las iglesias, los medios de comunicación,…

Y como les vengo diciendo en estas semanas, no pienso sugerirles a quien votar. Pero háganlo. Voten. Y voten a una opción que apueste con rotundidad por una verdadera cultura de paz.

viernes, 14 de octubre de 2011

En Dominicana, el futuro es amarillo

Estas últimas semanas, ante los recortes de los presupuestos para la educación pública, Madrid se vestía de verde. Era el color elegido por los docentes, padres, madres y alumnos para su protesta. Las luchas en defensa de la educación pública se vienen dando en otros lugares del mundo. Las noticias de la lucha estudiantil de Chile se han colado en los medios en las últimas semanas. Hoy también podemos leer en la prensa española de la resistencia de los estudiantes colombianos a la reforma de la educación superior propuesta por el gobierno.

República Dominicana, sin embargo, no suele tener espacio en los medios de comunicación españoles. A pesar de que son miles de dominicanos y dominicanas los que viven entre nosotros, poco sabemos sobre este país, más allá de que tiene unas estupendas playas.

Poca será la gente en España que sepa que es frecuente que las dominicanas y los dominicanos caminen por la calle con un paraguas. Un instrumento polivalente que lo mismo les sirve para protegerse de las lluvias, frecuentes durante la estación lluviosa entre abril y noviembre, como para defenderse del sol que mantiene una temperatura de entre 25 y 35 grados durante todo el año. 

Y es precisamente un paraguas de color amarillo, el símbolo que las organizaciones sociales dominicanas han escogido como emblema de su reivindicación por el efectivo cumplimiento de la ley que regula que un 4% del PIB debe dedicarse a la educación, algo que no ha cumplido ninguno de los gobiernos del país.

En los pocos días que llevo en el país, he encontrado pegatinas con paraguas amarillos en los lugares más insospechados. Y he podido descubrir la creatividad con la que estas organizaciones están reivindicando el derecho a la educación. República Dominicana existe, y está en lucha por la educación, por el futuro de sus gentes.